Celebración Universidad Andina Simón Bolívar-Quito Ecuador

Queridos amigos y amigas:

Estamos contentos de haber llegado a cumplir 45 años de vida y de trabajo institucional a lado de tantas comunidades, organizaciones y familias campesinas, indígenas, afrodescendentes y montubias.Queremos en este momento tener una doble mirada.

Primero viene el momento de mirar hacia atrás, a los 45 años que han pasado.Las raíces del FEPP las puso Mons. Cándido Rada, nuestro fundador, que nos ha dejado hace 20 años. Son raíces fuertes, sanas.

Sr. José Tonello Director ejecutivo FEPP
Sr. José Tonello Director ejecutivo FEPP

Una raíz grande es el espíritu de servicio. Un servicio a los sectores populares, especialmente a los más desventajados, respetuoso, inteligente, no paternalista, movilizador de capacidades y voluntades locales. Otra raíz es la inspiración cristiana, alimentada por el Evangelio y la Populorum Progressio, de donde asumimos criterios en relación con la gratuidad, la solidaridad y subsidiariedad, de la cual nos ha hablado el Papa Francisco hace 15 días. Una raíz más es la confianza en los pobres, que no necesitan paternalismo ni asistencialismo para mejorar sus condiciones de vida, porque como enseña la Populorum Progressio, las causas de la pobreza son estructurales y culturales. Por eso nuestra apuesta por la EPS y por transformaciones profundas.

El fondo de crédito nace sobre estas bases. El FEPP en 1970 fue el primer fondo de crédito para pobres en Ecuador y tal vez en América Latina. Dar crédito significa tener confianza en la capacidad y voluntad de los receptores.Al dar crédito pronto nos dimos cuenta que, como es cierto que sin dinero no se hace desarrollo, también es cierto que solo con el dinero no se hace un desarrollo equitativo y sostenible.

Por eso todavía en la segunda mitad de los años ’70 ofrecimos a los campesinos servicios de capacitación. Recuerdo que los primeros cursos fueron sobre los documentos más importantes y sobre los temas más revolucionarios de la doctrina social de Iglesia. Después vinieron los temas sociales, organizativos, técnicos, administrativos, productivos, comerciales, ambientales…

Las líneas de trabajo se multiplicaban y tuvimos que aumentar nuestro personal incorporando profesionales con diferentes capacidades: promotores, agrónomos, veterinarios, economistas, sociólogos, forestales. A todo nuestro personal, además de trabajar en su profesión, le pedimos de ser también educadores y organizadores. Crédito, capacitación, asistencia técnica, comercialización, construcciones civiles e hidráulicas.

Las raíces sostienen un árbol que se ha hecho cada vez más grande y en su edad madura produce frutos buenos.Para estar más cerca de los campesinos y comprender mejor las problemáticas locales hemos abierto poco a poco las oficinas regionales o territoriales, que hoy son 11.Para depender menos de la ayuda externa hemos constituido las empresas sociales, que deben autofinanciarse con los rendimientos de su trabajo.

Un momento clave en 1990, en coincidencia con el primer levantamiento indígena de la época moderna, fue el programa de tierras que implementamos, junto a la Conferencia Episcopal Ecuatoriana-CEE y la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador-CONAIE, contando con fondos originados por un canje de deuda.

Es una gran satisfacción saber que 1’071.000 hectáreas de tierra, han pasado a ser propiedad de comunidades indígenas, campesinas y afrodescendientes aplicando instrumentos legales y financieros, sin recurrir a ninguna forma de violencia o injusticia. Hoy los campesinos ya no mueren en las luchas de la tierra porque hay otros instrumentos para resolver los problemas. Una parte de esta solución la hemos generado nosotros desde el GSFEPP.

Otro gran avance fue juntar la formación profesional al empleo remunerado en las comunidades rurales. Este resultado depende de nuestro convencimiento de que en el campo, además de trabajar en el sector primario de la economía (agricultura, ganadería, forestación y acuacultura), hay que generar emprendimientos y puestos de trabajo en el sector secundario (agroindustrias) y terciario de la economía (servicios como el transporte, la comercialización, el turismo comunitario, las comunicaciones, la asistencia, etc.).

La evolución del original fondo de crédito, querido por Mons. Cándido Rada, nuestro fundador, para poner en práctica uno de los mandatos de la Populorum Progressio (constituir fondos para el desarrollo de los más desheredados) ha llevado el FEPP a desprenderse de sus propios recursos para constituir el capital social de una cooperativa – CODESARROLLO, que hoy es un banco – banCODESARROLLO –, el banco “Desarrollo de los Pueblos”, o sea el banco Populorum Progressio. Hoy banCODESARROLLO es la entidad más grande del GSFEPP, la que tiene el mejor desempeño económico y la que llega con sus servicios a la mayor cantidad de personas y familias.

Sabiendo que vencen la pobreza quienes producen más de lo que consumen, hemos propuesto a los campesinos el “Sistema Integral de producción agropecuaria sostenible “SIPAS”, para garantizar la soberanía y seguridad alimentaria y para mejorar los ingresos de las familias rurales minifundistas. Con los SIPAS las cosechas de productos agrícolas y los rendimientos de los animales en promedio se han multiplicado por tres.

Hasta aquí una corta e incompleta mirada al pasado. Nuestra evaluación de lo que hemos sido y de lo que hemos hecho es positiva, sin ser triunfalista.

Ustedes han oído los números: son números grandes. Piensen lo que significa ayudar a plantar 20 millones de árboles, haber otorgado crédito por 500 millones de dólares, haber dado oportunidades de formación profesional a 28.000 jóvenes y a 15’000 conscriptos, haber llevado agua potable a 30.000 familias, saber que hay 30.000 familias con agua potable en sus casas, 5’900 familias con casita nueva y otras 1700 con casa ampliada y mejorada, haber editado 320 publicaciones, comercializar con justicia productos por millones de dólares, haber impulsado 12’000 SIPAS…

Podría continuar. Pero el pasado no cambia y hay que mirar al futuro –nuestra segunda mirada- porque no se vive de glorias pasadas. El futuro nos presenta problemas más graves de los que hemos enfrentado en nuestros primeros 45 años de vida.

Trabajar hoy con los sectores populares no es lo mismo que hace 40 años. Hoy hay un estado más fuerte que ha asumido una parte del trabajo social que antes hacíamos solo las ONG. Esto es bueno. Los grupos populares reivindican con más capacidad y méritos su libertad para tomar decisiones y para ser gestores de sus propios procesos de desarrollo. Esto es todavía mejor. Varias organizaciones de cooperación internacional se están yendo del Ecuador, porque el país finalmente se encuentra en la lista de los de renta media (cuanta injusticia hay en esta aseveración estadística, ya que en el Ecuador hay todavía un 12% de la población que vive con menos de un dólar al día). Nosotros sentimos fuertemente la disminución de la cooperación internacional. Hay una exigencia mayor de procesos y trámites administrativos de parte del Estado y de las organizaciones de cooperación internacional, a tal punto que dentro de poco tendremos a más personal en las oficinas (haciendo informes y liquidando proyectos) que en el campo mismo. Algunas de estas situaciones nos desestabilizan y atetan contra nuestra sostenibilidad. Pero tal vez estamos envejeciendo. Las expresiones de la pobreza son nuevas y nosotros seguimos proponiendo fórmulas de solución que eran plenamente validas hace 20 o 30 años.

Hay nuevas formas de pobreza (espiritual, moral, cultural, afectivas, etc.), que a veces son más dolorosas y discriminatorias que la misma pobreza material. Todavía no las enfrentamos con decisión. Por estos y otros problemas algunas ramas del árbol del GSFEPP corren el riesgo de secarse. Son ramas que representan a territorios o a sectores de actividad que esperan nuestro aporte. Podemos revitalizarlas si somos capaces de conectarlas más directamente con las raíces que siguen siendo fuertes, o sea con la inspiración cristiana, con la opción preferencial por los pobres, con el espíritu de servicio, con la innovación, con el encadenamiento de los procesos productivos, con las sinergias…

Es evidente que los problemas del GSFEPP dependen más de lo que somos, queremos y hacemos quienes constituimos el GSFEPP, que de las circunstancias que nos rodean.Algunas personas nos dicen que hay menos fuego en el corazón del personal del GSFEPP, que la pasión por los pobres se está apagando, que el crecimiento cuantitativo ha puesto en crisis el desempeño cualitativo.

Cuando hemos pensado que el slogan de banCODESARROLLO y de todo el GSFEPP

fuera “Invertir en humanidad”,

hemos querido reafirmar que la calidad, capacidad y voluntad de las personas son los motores de los cambios. El motor de los motores es el amor.

El futuro del GSFEPP depende de cuánto seamos capaces de amar a las personas que solicitan nuestros servicios y de nuestra capacidad y voluntad de transformar el sentimiento en actitudes, servicios y obras concretas.

Gracias!

 

Intervención de José Tonello Director del GSFEPP en la sesión solemne por los 45 años del GSFEPP. Quito, 21 de julio de 2015 Universidad Andina Simón Bolívar

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