La Economía Solidaria, motor de la Justicia Social

La Economía Solidaria, motor de la Justicia Social.

Luchito
Sr.Luis Hinojosa Larco. Subdirector Ejecutivo-FEPP

Uno de los errores que podemos cometer es confundir la justicia social con la justicia conmutativa o con la justicia legal.

Para Santo Tomás de Aquino, la justicia conmutativa regula la relación del individuo con otro individuo (suponiendo la igualdad de personas que permite el intercambio justo), la justicia legal regula la relación de cada miembro con su comunidad (esto basado en que todas las personas son sujetos de derechos), y la justicia distributiva regula la relación de la comunidad con cada uno de sus miembros (partiendo de las diferencias por mérito o de particularidad).

Es de esta última que nace el concepto de justicia social (Taparelli) o más precisamente de la no comprensión de la justicia distributiva, o como muchos dicen “la justicia social nace a partir del hecho de la injusticia social”. La justicia social es equivalente al bien común.

La humanidad ha reconocido la necesidad de la justicia social. Las Naciones Unidas la han proclamado en el siglo XX. La Doctrina Social de la Iglesia ha insistido mucho en la justicia social. Ya Pío XI, en la Encíclica Quadragesimo anno, en 1931, decía: “A cada cual debe dársele lo suyo en la distribución de los bienes, siendo necesario que la partición de los bienes creados se revoque y se ajuste a las normas del bien común o de la justicia social, pues cualquier persona sensata ve cuán gravísimo trastorno acarrea consigo esta enorme diferencia actual entre unos pocos cargados de fabulosas riquezas y la incontable multitud de los necesitados”. El Papa Francisco ha repetido este llamado en Davos y en sus últimas exhortaciones y encíclica.

Nuestro error puede venir de acentuar el tema de derechos por sobre el tema de obligaciones y deberes. Baste señalar que en nuestra constitución en el título II, hay 8 capítulos de derechos y sólo el último de deberes. Y entre los 17 deberes están:

  1. Promover el bien común y anteponer el interés general al interés particular, conforme al buen vivir.
  2. Practicar la justicia y la solidaridad en el ejercicio de sus derechos y en el disfrute de bienes y servicios.
  3. Asumir las funciones públicas como un servicio a la colectividad

El bien común es un deber, una obligación, no un asunto de buena voluntad. La práctica de la justicia y la solidaridad es una obligación no solo una invitación. El asumir las funciones públicas como un servicio es un imperativo, no una recomendación.

No nos podemos quedar tranquilos mientras haya pocos ricos que controlan la mayoría de bienes y muchos pobres necesitados de esos bienes. Esto no es justo. La justicia social debe llevarnos a intervenir para cambiar esta realidad. Y algunos deberán salir afectados pero es porque la dignidad del ser humano está en el bien común, no en el bien de cada uno o de cada grupo.

Es por esto que la Economía Solidaria es una alternativa concreta, práctica y pacífica para cambiar las relaciones sociales de producción, transformación, distribución y consumo inequitativas, por otro tipo de relaciones más solidarias y justas.

Otro de los errores que podemos cometer es pensar que la Economía Popular y Solidaria (EPS) se refiere solo a una partecita de la gran Economía y que por lo tanto es irrelevante o solo sirve para efectos políticos o de análisis “micro”. La Economía Popular y Solidaria es una realidad grande y es previa a las intervenciones que puede hacer el Estado, los distintos gobiernos, las ONG, las Iglesias u otro tipo de organizaciones y por lo tanto crece por sí misma y mejor si es apoyada por el Estado.

La EPS la hacen las personas, no los capitales. Las personas son parte de una familia, de una comunidad, de una organización, de una población local (por eso lo de popular), del sector mayoritario de la sociedad.

La EP, por si misma no es solidaria. Es solidaria por las personas que viven la solidaridad, no que teorizan sobre la misma. La solidaridad nace de ponerse en el lugar del otro, en la situación del otro, en los “zapatos” del otro y hacer algo para ayudarlo. La solidaridad tiene que ver con el deber y la obligación más que con los derechos. Nace de convicciones profundas, del convencimiento de la justicia social. Y crece cuando se opone al individualismo, al partidismo, al segmentar, al estratificar. Crece cuando fomenta la asociatividad, el cooperativismo, el compartir, el bien común.

La EPS es fuerte cuando su soporte son personas fuertes, en constante crecimiento en humanidad, que luchan por alcanzar para sí y para sus familiares la satisfacción de todo tipo de necesidades, la dignidad, la plenitud (buen vivir/vida en abundancia)

Es fuerte cuando hay comunidades o grupos fuertes, bien organizados, que saben encontrar el justo equilibrio entre gestión política, gestión económica, gestión ambiental y gestión cultural y entre emprendimientos comunitarios y emprendimientos familiares

Es fuerte cuando el Estado cumple sus deberes en el ABC de la economía solidaria:

  • Acompañamiento, apoyo,
  • Buen vivir, bien estar, por lo tanto en la provisión de bienes (infraestructuras) y servicios (capacitación, crédito, apertura de mercados, etc.)
  • Control, cumplimiento de normas, competitividad.

A veces o generalmente empezamos por lo último y no vamos a lograr que la EPS crezca como debe.

Quienes desde hace décadas trabajamos para promover los conceptos y la práctica de la EPS, hemos entendido muy pronto que no es suficiente ayudar a los campesinos, artesanos, pescadores y microempresarios en general para que aumente su producción y productividad, porque, es muy posible que se reproduzcan relaciones de explotación, un individualismo creciente, la depredación de recursos y la injusticia social. Hay que trabajar en el crecimiento de las personas, en el crecimiento de la solidaridad, en la promoción del deber de justicia social.

La gran institucionalidad del Gobierno de la Revolución Ciudadana (IEPS, CONAFIPS, SEPS, SERCOP, SETEC, SECAP, MIES, MAGAP, MIPRO), basada en la Constitución Política del Ecuador y las leyes que se han dictado (Ley Orgánica y Reglamento de la Economía Popular y Solidaria y las Finanzas Populares y Código orgánico monetario y financiero), toda esta institucionalidad puede apoyar mejor a la EPS, con:

  •  la asignación de más recursos materiales, humanos y económicos para fortalecer a las organizaciones y a las micro y pequeñas empresas,
  • intensificar la construcción de “pequeñas” infraestructuras comunitarias: agua potable, riego, vías, comunicaciones
  • simplificar procesos, manuales y reglamentos para ahorrar tiempo, facilitar y (si es del caso) subsidiar:
    • la obtención de personerías jurídicas y la legalización de nombramientos
    • la tramitación fácil de registros sanitarios y permisos de funcionamiento
    • la disminución de costos de registros y permisos
    • la agilidad en los trámites de exportación
    • el acceso a los mercados nacionales e internacionales
    • la calificación de artesanos/as.
  • el mejoramiento de la actitud pedagógica, didáctica, educativa, propositiva y colaboradora de funcionarios de entidades como el SRI, IESS, SEPS, ARCSA, Agrocalidad y Ministerio de Relaciones Laborales. En otras palabras tener aliados que acompañan en la construcción de los procesos y en la solución de los problemas, evitando ser solo controladores, jueces y sancionadores. Hay dirigentes de emprendimientos de la economía popular y solidaria que están desanimados por el tipo de relaciones establecidas con ciertos funcionarios de las entidades públicas. Las cabezas están convencidas pero muchos funcionarios no. Hay personas que nunca han sido capaces de hacer funcionar un emprendimiento y ahora tienen el poder de desmotivar a quienes se esfuerzan por hacerlo.
  • respetar a las entidades populares pequeñas y ayudarlas a crecer. El desarrollo territorial se consolida cuando hay organizaciones populares productivas en cada rincón del Ecuador.
  • coordinar con todas las fuerzas positivas, propositivas y éticas: ONG y otras instituciones, universidades, Iglesias y organizaciones populares.

El aspecto más importante para asegurar el buen y creciente funcionamiento de la economía popular y solidaria, con importantes rendimientos económicos, sociales, culturales y ambientales es sin duda lo que en el FEPP llamamos “INVERSIÓN EN HUMANIDAD”, o sea que las personas, las familias y las comunidades crezcan siempre

  • en conocimientos
  • en valores y virtudes
  • en relaciones
  • en la superación de los miedos
  • en el espíritu de servicio a la comunidad.

Creemos que especialmente el cambio profundo, equitativo y sostenible del Ecuador se hace con

  • inteligencia
  • sudor
  • amor y
  • honradez

Estas son las bases del BUEN VIVIR y para la Justicia Social.

Quiero concluir con algo que nos emociona. El Papa Francisco, en un discurso frente a 7000 dirigentes de las cooperativas italianas, discurso que el FEPP y banCODESARROLLO lo han distribuido a las cooperativas y dirigentes cooperativistas ecuatorianos, ha dicho: “Las cooperativas desafían todo, incluso las matemáticas, porqué en una cooperativa uno más uno es igual a tres. En una cooperativa hasta un fracaso es medio fracaso. Las cooperativas deben seguir siendo el motor que levanta y desarrolla la parte más débil de nuestras comunidades locales y de la sociedad civil”. Y termina diciendo: “Adelante, animo! sean creadores, sean poetas”.

Entonces a todos y todas, ánimo, seamos creadores de la economía solidaria, poetas de la justicia social.

Intervención de Luis Hinojosa Subdirector Ejecutivo Grupo Social FEPP en la Mesa de Diálogo Social: Economía Solidaria, motor de la Justicia Social  Quito, 23 de junio de 2015

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *